Lota (I)

“Al emprender la publicación de este libro, solo hemos tenido en vista el deseo de ofrecer al extranjero i a nuestros compatriotas, una reseña exacta i circunstanciada del estado de progreso material que ha alcanzado nuestro país”

– Chile Ilustrado, Recaredo Santos Tornero, 1872 –

Recaredo Santos Tornero, editor del diario El Mercurio de Valparaíso, publicó en 1872 su libro “Chile Ilustrado”, la primera guía descriptiva de Chile: ilustraciones, grabados, historia, datos, estadísticas, etc.

Veo en Mercado Libre que un ejemplar se vende en $ 465.000, algo así como US$ 900. Sin duda los vale.

De esta obra es el grabado siguiente, correspondiente a una vista de Lota: el muelle, la fundición y la fábrica de ladrillos.

Lota

…y aquí hay otra foto, desde el Faro del Parque Isidora Cousiño, 140 años después:

Foto desde el Faro del Parque de Lota, Enero 2014

Foto desde el Faro del Parque de Lota, Enero 2014

El muelle, la fundición y la fábrica de ladrillos…que lejos y que cerca quedan estas palabras…

“Al emprender la publicación de este libro, solo hemos tenido en vista el deseo de ofrecer al extranjero i a nuestros compatriotas, una reseña exacta i circunstanciada del estado de progreso material que ha alcanzado nuestro país”

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Libros que tengo pendientes (sólo a modo de recordatorio)

No pretendo poner aquí un propósito, meta u objetivo. Sólo es un recordatorio.

En cualquier orden (ya que de todas maneras no lo voy a respetar):

1) Vida y Destino (Vasili Grossman). Es tan monumental que, cuando he debido interrumpir la lectura por un período largo, no puedo retomarla después y debo comenzar de nuevo. Tampoco puedo leerlo a la ligera, y nunca he podido pasar de la página 300. Alguna vez pensé en llevar un registro de personajes (incluyendo las variantes y diminutivos en ruso), pero desistí.

2) Macbeth (William Shakespeare). Hace unos meses vi en el canal Films&Arts un documental sobre un actor analizando la obra para hacer mejor su papel en el teatro. Historia del Macbeth real, análisis sicológico de los personajes, etc. Una joya de documental, en línea con lo que hizo hace tiempo Al Pacino con Ricardo III.

3) Diario del Año de la Plaga (Daniel Defoe). Es una de las lecturas recomendadas del curso abierto de la Universidad de Yale “Epidemics in Western Society since 1600” y que relata en forma de relato en primera persona la epidemia de plaga en Londres el año 1665. La plaga, peste bubónica o muerte negra, provocada por la bacteria Yersenia Pestis, que infecta a las ratas – rattus rattus – y se propaga al ser humano vía la picadura de pulgas. Y no, aún no hay antídoto.

4) “AIDS: The making of a chronic disease” (Elizabeth Fee). También es “secuela” de la lectura del curso sobre las enfermedades epidémicas, en que el análisis sobre el SIDA es absolutamente notable. Algún día me gustaría darme el tiempo de traducir el curso completo.

5) “The Inheritance of Rome: A History of Europe from 400 to 1000” (Chris Wickham). También es lectura recomendada del curso abierto de la Universidad de Yale “The Early Middle Ages, 284 to 1000”. La lectura de este curso me dejó enamorado de la época medieval. Fragmentación e involución, sociedades basadas en la guerra, gárgolas y cristianismo vs. paganismo. Por eso compré el libro de Wickham, que, en primera pasada, está muy entretenido, pero por el idioma, requiere concentración.

6) “La Historia Secreta” (Procopio). También es lectura complementaria del curso sobre la Edad Media. Procopio era cronista oficial de la corte del Emperador Justiniano en Bizancio. Publicó abundantemente sobre las grandes obras de su jefe, entre ellas la monumental compilación que es el Código Bizantino o Código de Justiniano, la Basílica de Hagia Sofia o las guerras de conquista libradas por su general Belisario. Pero, en las noches, Procopio escribía su anécdota, del griego “para no ser publicada”, donde no dejaba títere con cabeza: Belisario, Justiniano, la emperatriz Teodora….

7) “People’s Century 1900-1999” (PBS): hace mas o menos quince años el Discovery Channel transmitió la serie “El Siglo de la Gente”, coproducción entre la BBC y la PBS norteamericana. Trata sobre el desarrollo de nuestro viejo siglo XX pero visto desde el punto de vista de la gente que lo vivió: aparecen entrevistas de la gente que fue a las primeras funciones de cine, que trabajaron en las primeras fábricas de automóviles de Ford, veteranos de las dos guerras mundiales, sobrevivientes del nazismo y el comunismo ruso, gente que estuvo en la conquista de la independencia de las ex colonias en Asia y áfrica, etc…

Tuve grabados casi todos los capítulos en VHS…hasta que los perdí. Una vez, en la desaparecida Librería Inglesa de Providencia, encontré un ejemplar del libro sobre la serie, en castellano. Como andaba corto de plata, no lo compré y lo dejé para otra vez. No lo ví nunca más.

El año pasado, después de buscar por libros usados, lo compré a través de Barnes & Noble en USA.

Son varias lecturas para el año, a las que quiero añadir las relecturas de los cursos de Yale. Por lo pronto, lo primero es completar lo que actualmente estoy leyendo, pero ese es otro post.


Las rosas rojas de Dallas…

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Hoy se cumplen cincuenta años de la muerte de J.F. Kennedy en Dallas…

Cuando era niño, tal vez diez u once años, leí el libro “Las rosas rojas de Dallas” en la casa en el campo de mi abuela Luz. Creo recordar que el título viene de cuando al ser recibidos en Dallas, los representantes del gobierno de Texas y de la ciudad le regalan a Jackie un ramo de rosas rojas; a ella le llamó la atención porque por protocolo debían ser blancas

– “No te preocupes, cariño”, le dice J.F.K; “Verás que Texas nos ama”

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Sobre libros, librerías y sueños

Tengo una predilección especial con las librerías, con dejar pasar el tiempo mirando libros. Cuando era niño, 6 ó 7 años tal vez, recuerdo que en las noches bajaba desde nuestro dormitorio al estudio de mi papá en el primer piso, cuando todos estaban durmiendo. Primero pasaba por los dormitorios de mis papás; llegaba a su lado y los escuchaba respirar. Cuando me aseguraba que estaban efectivamente durmiendo, iba a la escalera a escuchar si había ruidos en el primer piso. Bajaba a oscuras. Con cuidado, abría la puerta del estudio, encendía una lámpara de escritorio, me subía a un sillón y de ahí trepaba al estante de los libros.
Como quien camina por una cornisa, iba sacando y hojeando libros. Libros de anatomía, fisiología, medicina interna, siquiatría, farmacología y tablas científicas. Novelas. Los tomos de la Enciclopedia Británica, revistas National Geographic en inglés, la revista médica MD en español. En esa época, mi padre fumaba mucho, dos cajetillas diarias de Lucky Strike sin filtro, por lo que todo estaba pasado a humo. Después de un rato, hacía otra acrobacia para bajar del estante, apagaba la luz, revisaba todo el primer piso (puertas y ventanas bien cerradas) y esperaba ahora abajo escuchando si había ruidos en el segundo piso, antes de subir.
Hay veces que sueño que vuelvo a encaramarme en ese estante, tratando de alcanzar los libros más altos. Otras veces he soñado que estoy en una librería con estantes bajos; encuentro libros maravillosos, que están a punto de decirme algo. En ese instante, el sueño termina o cambia de dirección, cuando estoy a punto de memorizar el párrafo o al menos el título del libro, sabiendo que un instante después lo voy a perder. No en vano Neil Gaiman en The Sandman nos cuenta de la biblioteca en la casa del Señor de los Sueños, en que hay un libro por cada sueño de cada persona o ser que haya vivido alguna vez. Es una biblioteca que crece cada noche y no hay dos libros iguales.
Esta librería que he soñado se parece vagamente a la desaparecida Librería Manantial que estaba en la esquina de Barros Arana con Caupolicán, al lado de la Catedral. Sin embargo, y por razones que desconozco, en mis sueños me parece que está ubicada a la entrada de la galería del ex cine Lido, en Aníbal Pinto entre San Martín y O’Higgins…y ahora caigo que es la ubicación donde hasta no mucho estuvo la Librería Studio…parece que los sueños también tienen su lógica interna…
En Concepción hay pocas librerías. En el centro está la Contrapunto (la mejor), la Studio en su nueva ubicación en la Galería Italia y la Caribe. La Studio siempre tuvo buenos libros, pero también se fueron mezclando títulos y géneros que le hicieron perder identidad (lo que siempre ocurrió con la Caribe). Sin duda, debe haber un par mas de librerías pequeñas en el centro, pero apenas las he visto. En el mall están la Antártica y la Feria Chilena del Libro; sin entrar a hablar de los precios, de las dos prefiero la Antártica, que tiene más “onda” de librería.
Así es Decepción City. Por contraste, hay ciudades – civilizadas – con muchas librerías y donde hasta hay gente para las que son objetos de culto y devoción. En el blog Bookshelf Porn – dedicado a los amantes de los libros y librerías, encontré estas fotos, que me hacen click con mis sueños:

Recorriendo este blog, reencontré la historia de la librería secreta, que había leído tiempo atrás. Brazenhead Books, en Nueva York. Este elegante video muestra la historia de esta librería cuando su dueño, Michael Seidemberg, ya no pudo seguir pagando el arriendo de su local en Brooklyn. Una alternativa era cerrar el negocio; otra era irse a otro lugar más barato, pero lejos de su clientela habitual. Pero Seidemberg no quería eso. Dice en el artículo en the Paris Review: “No quería pensar en una librería en un lugar que nadie conociera”. Y encontró la solución. Instaló su librería en su propio departamento, en el Upper East Side.

Para cerrar esta historia sobre librerías, estantes, libros y sueños: en el blog de la artista penquista Gloria Mendiburo encontré esta acuarela del ilustrador escocés Wil Freeborn. “Uy…ahí quiero estar yo…”, fue lo que pensé…”quiero conocer esa librería…”.

En palabras de Michael Seidemberg, “Si sólo fuese por dinero, hay cosas mejoras para vender.”


Ray Bradbury y las Crónicas Marcianas

Hace unos días, el 22 de Agosto, Ray Bradbury cumplió 91 años.
Bradbury es un nombre importante para mí. Recuerdo cuando yo era muy niño; mi papá tenía en su velador “El Hombre Ilustrado”; me daba miedo la portada con un hombre lleno de tatuajes; lo mismo me pasaba con “El País de Octubre”, en que había unas calaveras sobre varias fachadas de una casa y un fondo verde.
Después, ya un poco mayor – 10, 12 años, en el suplemento “Escolaridades” del diario El Sur de Concepción – leí “Los Hombres de la Tierra”, una de las primeras historias que componen las “Crónicas Marcianas”. Con el tiempo, fui leyendo y comprando sus otros libros. De hecho, mi ejemplar de “El País de Octubre” es de la misma editorial Minotauro  y mantiene su portada verde con las fachadas y las calaveras…
Entre toda la obra de Bradbury que he leído, mi favorito son las  “Crónicas Marcianas”; lo he releído muchas veces y siempre me habla de forma diferente.
Bradbury lo escribió en 1950, a los 30 años, en su mejor momento como escritor. Sin ser perito en literatura, puedo decir que no es ciencia ficción “pura” o “fantasía”, creo más bien que es poesía en prosa.
Nos cuenta de la tensión en Marte cuando sus habitantes telépatas supieron que iban a llegar los hombres de la Tierra y que el cambio iba a ser para siempre. Nos habla de las primeras expediciones y de las oleadas de gente que llegó a colonizar, destruyendo la antigua civilización, totalmente extraña y “rara” por ser distinta y tratando de replicar su modo de vida en la Tierra. Del fatalismo con que la guerra en la Tierra llamó a todos de vuelta y como los que quedaron, y sus hijos, se convirtieron para siempre en los nuevos marcianos. Esta línea argumental se presenta en forma magistral en historias breves, cada una vinculada a una fecha del futuro (que allá por 1950 corresponde a nuestro pasado el año 1999…; hoy estamos mas o menos viviendo en la mitad de la cronología Bradburiana)
Además de la filosofía que transmite el libro, hay algunas breves líneas sobre los marcianos y su forma de vida: los teatros al aire libre, los pisos de las casas por donde corre agua fresca para refrescar las ardientes tardes, las ajedrezadas ciudades con sus estilizadas y gráciles torres…

Jorge Luis Borges también habla de este aspecto en el prólogo: “Sobre el planeta rojo –que su profecía nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de ciudades ajedrezadas y ocasos amarillos y antiguos barcos para andar por la arena”.
Al leer, se forman imágenes en la mente. Me imagino que el Marte de Bradbury debe parecerse a estos magníficos dibujos del arquitecto norteamericano Hugh Ferriss (1888-1962) (los tres primeros) y del arquitecto ruso Yakov Chernikov (1889-1951) (los dos últimos):



Ray: gracias por tus libros; gracias por las Crónicas Marcianas y lo que me han enseñado desde niño, desde cuando quise ser marciano y vivir en esas ciudades, como las que también han soñado Ferris y Chernikov. Definitivamente, quiero pedir carta de ciudadanía en Marte… Nuevamente, gracias Ray Bradbury, y que sean muchos años mas…

Los créditos y enlaces:

Biografía de Ray Bradbury en Wikipedia

Artículo sobre las Crónicas Marcianas en Wikipedia (no es muy bueno: faltan historias en el resumen!):

Los dibujos de Hugh Ferris en el blog Pasa la Vida; su autor continuó después escribiendo en otra dirección, el blog Agaudi, en que también puso el trabajo de Yakov Chernikov