Orgullo. Marillion Weekend Chile Mayo 2017.

Hace unos días, repasando para la prueba de Inglés (cuarto año básico), encontramos en el libro de José Tomás el siguiente ejercicio:

  • “Papi…¿cómo se llama el cantante de la banda que me gusta…la de la canción del invierno en Inglaterra…?:

IMG_20170517_212746839

Se refiere a esta canción, es de casi treinta años atrás, pero es muy actual en estos días, en que ya estpan comenzando a florecer los aromos, dos meses antes:

Y aquí la otra favorita:

La banda estuvo en Chile el fin de semana pasado; fue el primer Marillion Weekend en Sudamérica. Tres noches en Santiago; en la fan page dice que se fueron felices, con mucho pisco sour y muchas horas de filmación para un DVD. En fin, sobre Marillion hay mucho escrito (*); sólo escribí este post por orgullo paterno, por llevar a mi hijo por la senda del buen gusto.

(*) Hasta yo mismo tiempo atrás

Bonus track

No puedo dejar de mencionar el Swap the Band en el show. Primero, la generosidad de la banda al compartir el escenario con fans – músicos y la humildad de dejarlos tocar junto con ellos algunas de las canciones más conocidas, los éxitos seguros. Y, el talento, desplante y actitud profesional de quienes subieron al escenario a cumplir un sueño.

Por Marillion, por sus músicos invitados y por todos los fans, salud! Con ustedes, Swap the Band Marillion Weekend Chile May 2017:

 

 

 


Maule – Marzo 2017, fin del verano

La playa de Maule está en el sector de Schwager, en Coronel. En este lugar – Boca Maule  – tuvo sus operaciones principales la Compañía Carbonífera y de Fundición Schwager, fundada aproximadamente en 1880 – 1890 y en la que trabajó Juan, mi abuelo materno.

Schwager coexistió con las actividades de extracción de carbón de Lota, hasta que ambas fueron fusionadas en 1964 como la Compañía Carbonífera Lota Schwager y después estatizadas en 1971 como la Empresa Nacional del Carbón Enacar, que estuvo moribunda hasta principios de los 90. Sin embargo, Shwager siempre tuvo un “pelaje” distinto a Lota, principalmente por la gran proporción de técnicos y administrativos ingleses y su gente tuvo mejor estándar de vida.

Aquí tiene su sede el Club de Fútbol Lota Schwager, “el club de la lamparita”, ahora en triste tercera división. Recuerdo que mi abuelito era hincha: escuchaba los partidos en la radio y en casa de mi abuela era una hora de silencio obligatorio para los niños. Esta tierra es también cuna de grandes atletas: la pobreza, la vida dura y el viento han formado aquí a los etíopes de Chile.

Un poco más sobre esta zona: es el centro geográfico de Chile Continental: 2.150 kilómetros al Norte y llegamos al límite con  Perú y Bolivia. 2.150 kilómetros al Sur y llegamos al final del continente, separados de la Antártica por el Paso de Drake.

Y desde la Antártica viene la fría Corriente de Humboldt, pegada a nuestra costa. Ayer, fin del verano. Día soleado pero con mucho viento frío. Más fría aún el agua, un poco de gente paseando pero nadie en su sano juicio en el agua.

Casi nadie: un niño. El mío.

Maule 00 19Mar17 IMG_20170319_162959590Maule 01 19Mar17 IMG_20170319_162959590

 

 

 

 

 


Juegos Olímpicos Rio 2016 (y Bonus track)

Y, bueno, ya terminaron los JJOO. Pese a no ser deportista en absoluto – y esto es una diferencia casi étnica, ideológica o religiosa con mi mujer (*) – debo decir que son un espectáculo precioso.

Primero, al ver el desfile inicial de los países vienen a la memoria recuerdos mezclándose con el peso de la historia: Alemania – JJOO Berlín 1936 -, Rumania – Nadia Comaneci en Toronto – , Rusia – boicot de 1984, y ahora sin la Isimbayeva -, Serbia, Croacia y Bosnia Herzegovina, los países bálticos y Ucrania…

Después, ver a los super hombres. Usain Bolt, Phelps, Mo Farah, a Del Potro contra Nadal y al día siguiente contra Murray (4 horas!), Kipochoge ganador de la maratón en la premiación final…

Ver el esfuerzo de los deportistas chilenos, que como en tantos otros países, sacrifican su carrera profesional o laboral o estudios por el deporte, apoyados siempre con esfuerzo por sus familias y alguna empresa privada y con muy baja inversión estatal y que generalmente llegan a los JJOO ya en descenso pues su mejor rendimiento fue para alcanzar la marca que permitiera clasificar.

Quienes son los chilenos más destacados a mi mejor saber y entender: primero, Bárbara Riveros, 5° lugar en la triatlón femenina. Enorme. En segunda mención Víctor Aravena, lugar 41 en maratón. Víctor es una atleta de Coronel, de aquí en la zona. Clasificó para Río en la maratón de Temuco, la primera de su vida (Río es su segunda carrera). En la marca de los 10km iba en lugar 150. En los 20 km subió al 90. En los 30 kb hizo un carrerón y llegó al 56. Finalizó en el lugar 42.

Tercer lugar para Ricardo Soto, con 16 años y una sangre fría digna de Robin Hood para el tiro con arco. O sea: ¿una diana de diametro 15 a 20 cms, a 75 metros y una flecha que sale disparada a 200 km/h?. Ya vendrán mejores marcas y premios. No puede faltar aquí Tomás González, 8° en final de salto, que era su plan B ya que su especialidad son las pruebas de piso. Tomás es un atleta de nivel internacional; simplemente no estuvo en su mejor momento. Y también los primos Grimalt en voley playa.

Paréntesis. (A propósito de voley playa…que gran deporte, Dios mío. O los saltos ornamentales y nado sincronizado…O en atletismo Lalova-Collio o Ivana Spanovic…) Fin del paréntesis.

Bueno. Una cosa son los super hombres / mujeres, otra los chilenos destacados, pero algo que nos conquistó a todos fue la humildad y esfuerzo de los levantadores de pesas, que se convirtieron en verdaderos héroes…inolvidables las lágrimas del pesista colombiano, la lesión del codo del armenio o el baile del kazajistaní junto a su entrenador…Eso José Tomás lo captó muy bien:

LEGO 02LEGO 01

A propósito de José Tomás: “papi…mi deporte preferido ya no es el fútbol…ahora es el atletismo y las pesas…”. Y el mundo se me vino encima: hasta aquí no más llegó mi plan de vender su pase a la liga española o inglesa y olvidarme de la vejez…No me queda mas que resignarme a ser pobre y apoyarlo en los campeonatos…En fin; así es la vida.

Chao Río, hola Tokio 2020.

(*) Yorka hizo atletismo desde niña en el colegio hasta la universidad. Corría pruebas de semi fondo (400, 800, 1500) hasta que su entrenador (Francisco Pichot, seleccionado nacional) se dió cuenta que su verdadera especialidad siempre debieron ser los 200 metros…Como terminaba adolorida y quejándose la prueba de 800 metros, la bautizaron “la Dolores 800”

(**) Bonus track

El fin de semana pasado me encontré en la laguna con Carlos Castro, a quién no veía desde mas o menos 1985. ¿Quién es Carlos Castro y qué tiene que ver con los Juegos Olímpicos?

Pues bien, Carlos Castro fue el primero en Concepción en terminar y dar vuelta la Hyper Olimpics 84 en los legendarios Juegos Gioco de la Galería Olivieri.

El parque de la laguna estaba llena de niños – y no tan niños – cazando pokemones. Pues bien niños, sin ustedes saberlo, estaban compartiendo el aire con un grande.

68944.jpgHO84

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Día del Padre (hace tres años)…

Esto fue hace tres años atrás, Junio del 2013 , fuimos de paseo en una muy fría mañana al Salto del Laja. En esta foto aparecen los dos hombres mas importantes en mi vida; por atrás los abraza otro que también quiso salir en la imagen:

5947_10201059530791812_297243771_n

No hubo caso de conectar el flash. El de Arriba quería aparecer de todas maneras….

Esa misma mañana, José Tomás encontró este zorzal.Me preguntó si estaba muerto.

988543_10201097285935667_1271748090_n

-Si hijo, está muerto el pobre, seguramente de frío o ya era muy viejo.
– ¿Y dónde está ahora, va a vivir?
– No, ya está muerto. Ahora está con Dios, sin frío y cantando para siempre
– Ya papi. Tenemos que enterrarlo para que no tenga frío.
Y buscamos un lugar bajo un árbol y lo dejó cuidadosamente tapado con hojas.
– Papi…¿ahora él está bien?
– Si hijo, ahora le está contando a Dios lo bueno que fuiste con él, como cuidaste su cuerpo y lo enterraste bien abrigado. Y Dios le va a dar permiso a su alma para venir a verte a veces y saludarte.
-Papi…¿tú te llevas bien con Dios?
– Si, yo creo que sí…hemos trabajado juntos algunas veces…

Y el Lunes, a la salida del colegio, entremedio de un árbol, un pajarito:
– “Mira mamita!!! el zorzal!!! nos vino a saludar!!!”


Historias de familia (II). Mi abuelo, Carlos Gacitúa Orellana.

P1070861El de la fila superior, al medio, es mi abuelo paterno, Carlos Gacitúa Orellana, en la Escuela Naval como aspirante a oficial de la Armada de Chile. La foto no tiene fecha, está montada sobre un cartón a manera de marco y su reverso está roto, como si hubiese tenido un papel pegado que fue desprendido. Sin embargo, hay otra foto, similar a esta, pero mas desteñida, con cinco marinos, uno de ellos también mi abuelo. No puedo distinguir si los otros también aparecen en esta primera imagen. Elegí esta por que está mas nítida.

En el reverso de la segunda foto aparecen manuscritos cuatro nombres: Sebás Aranda R., Juan B. Lorca, Vicente Recabarren y Alfonso de la Fuente. Debe de ser letra de mi abuelo, ya que él, el quinto, no se menciona. Al centro del reverso y en diagonal está su firma y la fecha X-21, Octubre de 1921. El resto del reverso tiene garabatos en lápiz mina que tratan de imitar la firma -claramente es letra de niño, quizás mi padre o quizás yo.

Mi abuelo no llegó a hacer carrera en la Armada. Uno de los tantos alzamientos o sublevaciones militares a principios del siglo pasado- Chile no tiene un pasado tan traquilo como el que nos enseñaron – fue encabezado por la Armada y perdió, ya que el Gobierno – o el Parlamento, no sé – fue apoyado por el Ejército. Entonces, inevitablemente vino la represión y todos los marinos pasaron muy mal rato. Asumo que los oficiales jóvenes serían buscados para “conversar” un rato y dejarlos huéspedes del Ejército un tiempo mas o menos largo, mientras los Tribunales de Guerra resolvían los hechos o decidían quien pagaba el pato.

Hasta ahí llegó la carrera naval del aspirante a oficial Carlos Gacitúa. Advertidos por la gente del puerto que estaban deteniendo a los marinos, junto a varios de sus compañeros tomó el tren hacia el sur, hacia Chillán y San Carlos. Pero, era fijo que al llegar a Santiago el tren sería revisado por la policía y/o los militares, buscando sublevados. Entonces, los pasajeros del tren, sobre todo las mujeres de pueblo, se compadecieron de esos uniformados, jóvenes poco mas que niños y les dieron de las ropas de sus hijos y maridos. Así, a Santiago no llegó ningún marino en ese tren. Cobijados y protegidos por la gente, todos siguieron su camino hacia sus ciudades y pueblos. Así pudo también nacer mi padre en 1936, hijo único.

Yo no alcancé a conocerlo; murió en 1966, un par de años antes de nacer yo. Esa estampa – parecía actor de cine, según mis tías, las hermanas de mi madre – no la tengo ni tampoco mis hermanos. Pero, creo que entre los bisnientos de Carlos Gacitúa, entre ellos cinco hombres, mi hijo José Tomás y un par de primos van para allá.

Como dicen, lo que se hereda no se hurta.


27 de Febrero 2010, Richter 8.8, Chile. La primera noche.

“A esta hora, justamente, a esta hora,

en que empiezas a sentir

que nada pasa y todo pasa,

quisiera sacarte a caminar

por un largo tour…”

(“En un largo tour”, Sol y Lluvia)

Concepción, Chile, tres y media de la mañana…

P1000367

Estábamos durmiendo y José Tomás se había cambiado hace poco a nuestra cama. Desperté con la primera sacudida, fuerte y violenta, y supe en seguida que era un don temblor. Después del primer remezón vino otro, tan fuerte como el anterior y ahí supimos que era algo más grande, cuando sentimos que la cama saltaba y escuchamos el ruido de los muebles cayéndose y los vidrios y cristales quebrándose. Ahí José Tomás, que tenía poco mas de tres años y medio,  despertó gritando “¡¡¡Mapi, mapi!!!”, que era la mezcla entre papi y mami…

A esa altura, el terremoto no terminaba, llevaba fácil más de un minuto y medio y no paraba, seguía igual de violento. El departamento se movía en zigzag y el edificio literalmente saltaba. Ahí de verdad creí que se podía mandar abajo.

Tomé a José Tomás y nos cubrimos al lado de la cama; la Yorky tuvo que llegar gateando al lado nuestro, era imposible caminar.

– “No para, no para….esto no para”, gritaba la Yorky

– “Tranquila”, le respondí, “ya va a parar”, aunque a esta altura ni yo ya me creía

– “Pero no para…”

– “Ya…parece que está parando…apenas podamos, salimos…yo llevo a José Tomás, tu abres la puerta”

Y apenas el edificio dejó de saltar, salimos. A oscuras cruzamos el living, tanteando un sillón que había junto a la pared; afortunadamente, los muebles se habían caído en sentido paralelo a la salida, por lo que nada nos obstruía el paso. Llegamos a la puerta y a tientas, apoyándonos en la muralla, comenzamos a bajar. Al mismo tiempo, empezaron a salir los vecinos. Nos encontramos en la escalera – nosotros vivíamos en el cuarto piso, el último – y nos fuimos dando ánimos hasta llegar afuera.

Sólo había luz de luna. Nos encontramos en pijama, batas y algunas frazadas. La mayoría de los vecinos son personas ya mayores y estaban muy asustados. Los autos en el estacionamiento se habían movido con los saltos y sonaban algunas alarmas, la tierra seguía moviéndose con fuertes sacudidas.

Lo primero fue pensar en José Tomás, así que tuve que volver al departamento a buscar las llaves del auto, zapatos para nosotros y algo para cubrirnos. Un vecino me prestó una linterna y subí.

Mas sacudidas y crujidos del edificio. Llegué al departamento e iluminé la entrada; junsto en el borde de donde habíamos pasado había vidrios quebrados que habían saltado desde la cocina. Olor a vino y a vinagre. Despejé los vidrios con la puerta y la aseguré con algo que encontré. Pensé que no me iba a quedar atrapado en un último piso con una puerta cerrada si había otro remezón fuerte. A tientas encontré las llaves del auto y busqué el resto de las cosas. Al bajar, a mitad de la escalera, otra réplica fuerte casi me bota. Esa noche debería volver a subir al menos otras tres veces.

Así quedó nuestro departamento:

P1000390 P1000384 P1000385  P1000388

La primera foto muestra a nuestro televisor, un viejo Sony de 29″, pesadísimo, que dió con su rack un salto hacia adelante de un metro. Estaba frente a nuestra cama y por ahí pasamos. Por milagro no cayó encima nuestro.

Con José Tomás ya instalado dentro del auto junto a otros niños, y ya abrigados, nos pusimos a conversar con mas calma con los vecinos, mientras la tierra seguía temblando. No había electricidad ni señal de radio y toda la gente estaba en la calle, en las mismas que nosotros. Nadie quería subir a sus departamentos. De repente, escuchamos una gran explosión hacia el lado de la Universidad y vemos el cielo de color naranja. Otra explosión y resplandor azul. Así siguió largo rato. Al día siguiente sabríamos que la Facultad de Química de la Universidad de Concepción había desaparecido:

P1000359 P1000362

– “Felipe”, me dice Yorky…”mis papás, tus papás…mi hermana!”

No había forma de saber de ellos. Mis suegros, al igual que mis papás, vivían en edificios en distintas partes del centro de Concepción. Mis cuñados vivían en Talca y ya algunos vecinos habían sintonizado radio a pilas, en que las primeras noticias hablaban del epicentro en Constitución y Talca…

Estábamos en eso, en la incertidumbre, cuando vemos una gran silueta avanzando por el patio: mi suegro.

Ya mas tranquilos, con mi suegra cuidando a José Tomás en el auto, tomamos decisiones. Iríamos a buscar a mis padres y después nos iríamos todos a la casa de mi tía Maru, a una cuadra. Nadie volvería a su edificio. así que partimos mi suegro y yo, en un Concepción a oscuras, casi sin autos y mucha gente en las calles. Los focos del auto iluminaban grandes grietas en el pavimento de las calles, otras veces eran levantamientos y montículos.

Llegamos afuera del edificio de mis padres, estaban todos los vecinos fuera, menos ellos. Les pregunté por ellos y me dijeron que el doctor no había querido salir. Así que una vez más, entré a un edificio todavía moviéndose y sonando. Al quinto piso.

Toqué la puerta y abrió mi mamá; esa noche justo había una amiga de visita que estaba alojando ahí. Las ayudé a preparar un bolso y a salir. Mi papá no quiso irse; me dijo que ya había vivido el terremoto del 39, el del 60 y que este no lo iba a sacar de su cama. Así que lo dejé.

Nos juntamos todos de vuelta en nuestro edificio y partimos donde mi tía Maru, que estaba muy asustada, pero se tranquilizó al vernos llegar. No sabía nada de sus hijos, mis primos Guillermo y Carmen Luz, y estaba preocupada por su marido, mi tío Willy, ya mayor y con una diabetes crónica muy debilitante.

Esa noche armamos el campamento en su casa. Encendimos velas y comenzó la preocupación por los próximos días, que iban a ser largos y llenos de incertidumbres. Por lo pronto, el primer desafío: no había agua. Y éramos seis adultos mayores, la Yorky y yo y José Tomás, de tres años. Por lo que volví una vez más al departamento, a buscar con la luz de la luna leche en polvo, pañales, un bidón de agua y nuestro termo, que dejamos lleno todas las noches. También rescaté mi walkman, que nos serviría de radio. Ahí escuchamos sobre el epicentro y mas tarde sobre el tsunami que arrasaría Talcahuano, Dichato y Constitución.

Los tres nos acomodamos en una pequeña cama de una plaza. Y no paraba de temblar. Toda la casa se movía y los vidrios sonaban. Fue una larga noche.

P1000395


Una historia de gitanos.

Chillán, 1906. Un carruaje se detiene frente a una gran casa situada en una de las avenidas principales. Se baja una joven pareja y golpean la puerta con la gruesa y pesada aldaba; son reconocidos y se les franquea la entrada. En el carruaje queda el cochero y una criada acurrucando a una recién nacida.

La casa era de la familia Matamala y el joven Avelino Montesinos llegaba a la casa a pedir la mano de su novia…y para decirle al respetado patriarca que además ya era abuelo. Su pequeña nieta, Luz, esperaba afuera. Había nacido unos días atrás allá en el monte, en la casona de su familia materna en sus tierras de San Fabián de Alico.

No sabemos en que tono o cómo se dió la reunión. Sólo podemos conjeturar sobre el carácter terrible de los grandes señores de la época y en que las relaciones prematrimoniales, más encima resultantes en embarazo, no eran precisamente bien valoradas en sociedad, más aún si el dueño de casa es el padre de la joven.

Lo que sí sabemos es lo que sucedió afuera. Mientras se alargaba la tensa espera, la pequeña comenzó a llorar. Inútiles fueron los esfuerzos de la criada por tranquilizarla con arrullos y cantos. El cochero y la criada también estaban ansiosos y el llanto de la niña sólo ayudaba a crispar aún más sus nervios.

Por la calle pasaron tres gitanas, una de ellas llevaba colgando de su pecho a un niño también de pocos días.

– “Pero paisana, ¿qué haces?”, le dijo la gitana a la criada

– “¿Que no ves que esta pobre criatura se está muriendo de hambre?” – “Trae para acá”

Y con la ayuda de sus acompañantes, en apenas un par de movimientos, le quita a la pequeña de los brazos y se la acomoda junto a su hijo, en el otro pecho. Y al sentir fluir la leche, Luz dejó de llorar.

Aún sin entender cabalmente qué estaba pasando, la criada y el cochero ven que la puerta de la mansión se abre y sale la pareja. Los semblantes pálidos, aún temblorosos, ella con los ojos todavía húmedos pero sonriendo valientemente, van a buscar a su hija para presentarla a su familia.

Con una mirada plena de comprensión, la gitana se acerca a la joven y delicadamente le entrega a su niña: “Toma, paisana…ya no tiene hambre…”. Las otras dos mujeres se acercan, le limpian la boca, le hacen un último cariño y la señal de la cruz mientras murmuran un par de palabras en romaní. Se van por la calle, seguidas por la mirada de los jóvenes padres. Él abraza a su mujer y los tres entran en la casa.

Pues bien. Sabemos que esto fué lo que ocurrió en la calle porque la criada ya nunca más iba a abandonar a la niña, de la que sería su nana para toda la vida. Ella fué la que primero le contó la historia y después lo haría su madre. Después, con el tiempo, mi abuela Luz se lo contaría a su hijo Sergio, del que yo la escuché.

Y desde entonces mi familia es hermana de leche de los gitanos. Mientras vivieron mi bisabuela y mi abuela, en su fundo de Los Castaños nunca faltó una vaquilla o unas ovejas para atender a los gitanos que pasaban por San Fabián de Alico en su paso por la cordillera entre Argentina y Chile. Y ellos siempre respondieron a la hospitalidad de estas grandes mujeres en su tierra.