Juegos Olímpicos Rio 2016 (y Bonus track)

Y, bueno, ya terminaron los JJOO. Pese a no ser deportista en absoluto – y esto es una diferencia casi étnica, ideológica o religiosa con mi mujer (*) – debo decir que son un espectáculo precioso.

Primero, al ver el desfile inicial de los países vienen a la memoria recuerdos mezclándose con el peso de la historia: Alemania – JJOO Berlín 1936 -, Rumania – Nadia Comaneci en Toronto – , Rusia – boicot de 1984, y ahora sin la Isimbayeva -, Serbia, Croacia y Bosnia Herzegovina, los países bálticos y Ucrania…

Después, ver a los super hombres. Usain Bolt, Phelps, Mo Farah, a Del Potro contra Nadal y al día siguiente contra Murray (4 horas!), Kipochoge ganador de la maratón en la premiación final…

Ver el esfuerzo de los deportistas chilenos, que como en tantos otros países, sacrifican su carrera profesional o laboral o estudios por el deporte, apoyados siempre con esfuerzo por sus familias y alguna empresa privada y con muy baja inversión estatal y que generalmente llegan a los JJOO ya en descenso pues su mejor rendimiento fue para alcanzar la marca que permitiera clasificar.

Quienes son los chilenos más destacados a mi mejor saber y entender: primero, Bárbara Riveros, 5° lugar en la triatlón femenina. Enorme. En segunda mención Víctor Aravena, lugar 41 en maratón. Víctor es una atleta de Coronel, de aquí en la zona. Clasificó para Río en la maratón de Temuco, la primera de su vida (Río es su segunda carrera). En la marca de los 10km iba en lugar 150. En los 20 km subió al 90. En los 30 kb hizo un carrerón y llegó al 56. Finalizó en el lugar 42.

Tercer lugar para Ricardo Soto, con 16 años y una sangre fría digna de Robin Hood para el tiro con arco. O sea: ¿una diana de diametro 15 a 20 cms, a 75 metros y una flecha que sale disparada a 200 km/h?. Ya vendrán mejores marcas y premios. No puede faltar aquí Tomás González, 8° en final de salto, que era su plan B ya que su especialidad son las pruebas de piso. Tomás es un atleta de nivel internacional; simplemente no estuvo en su mejor momento. Y también los primos Grimalt en voley playa.

Paréntesis. (A propósito de voley playa…que gran deporte, Dios mío. O los saltos ornamentales y nado sincronizado…O en atletismo Lalova-Collio o Ivana Spanovic…) Fin del paréntesis.

Bueno. Una cosa son los super hombres / mujeres, otra los chilenos destacados, pero algo que nos conquistó a todos fue la humildad y esfuerzo de los levantadores de pesas, que se convirtieron en verdaderos héroes…inolvidables las lágrimas del pesista colombiano, la lesión del codo del armenio o el baile del kazajistaní junto a su entrenador…Eso José Tomás lo captó muy bien:

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A propósito de José Tomás: “papi…mi deporte preferido ya no es el fútbol…ahora es el atletismo y las pesas…”. Y el mundo se me vino encima: hasta aquí no más llegó mi plan de vender su pase a la liga española o inglesa y olvidarme de la vejez…No me queda mas que resignarme a ser pobre y apoyarlo en los campeonatos…En fin; así es la vida.

Chao Río, hola Tokio 2020.

(*) Yorka hizo atletismo desde niña en el colegio hasta la universidad. Corría pruebas de semi fondo (400, 800, 1500) hasta que su entrenador (Francisco Pichot, seleccionado nacional) se dió cuenta que su verdadera especialidad siempre debieron ser los 200 metros…Como terminaba adolorida y quejándose la prueba de 800 metros, la bautizaron “la Dolores 800”

(**) Bonus track

El fin de semana pasado me encontré en la laguna con Carlos Castro, a quién no veía desde mas o menos 1985. ¿Quién es Carlos Castro y qué tiene que ver con los Juegos Olímpicos?

Pues bien, Carlos Castro fue el primero en Concepción en terminar y dar vuelta la Hyper Olimpics 84 en los legendarios Juegos Gioco de la Galería Olivieri.

El parque de la laguna estaba llena de niños – y no tan niños – cazando pokemones. Pues bien niños, sin ustedes saberlo, estaban compartiendo el aire con un grande.

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Sábado 12 de Abril 2014. Gran incendio de Valparaíso.

Que rabia. Ver en televisión como ardían los cerros de Valparaíso desde el Sábado en la tarde. Todo Chile vio cómo el fuego tomaba un cerro, seguía por otro y otro…la gente tratando de combatir el fuego, salvar sus casas o algunas de sus cosas, otros arrancando solamente con lo puesto y muchos mas siendo evacuados en forma preventiva. Después de un terremoto siempre queda algo que rescatar, pero el fuego – al igual que el agua – no deja nada.

No sé, las últimas cifras hablan de hasta doce o trece mil personas que lo perdieron todo.  Doce o trece mil personas. Y como siempre sucede, son los pobres los que sufren. Los que viven en tomas y campamentos por las laderas de los cerros, los que responden a la prensa “los pobres no podemos elegir dónde queremos vivir”, los que viven en lugares donde no hay servicios, redes de agua potable o caminos por donde puedan llegar los bomberos y donde el agua y la electricidad vienen de conexiones informales a las redes, allá abajo, cerca del plano.

Y por televisión vimos arder los cerros de Valparaíso desde el sábado en la tarde hasta el lunes.

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Primero, la rabia y la indignación. Porque esto ya se sabía de antes. Había incidentes previos y advertencias de expertos en seguridad que decían que la acumulación de basuras, pastizales, árboles en las laderas de cerros tenían el potencial de la catástrofe. Pero, las autoridades – una vez mas – no reaccionaron a tiempo y los recursos para las acciones necesarias nunca llegaron y los que pudieron conseguirse sirvieron para un par de parches, antes de ser desviados “hacia obras de mayor visibilidad”. Claro, como los pobres no se ven y Valparaíso debe lucir como corresponde a una ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Y que además cada año nuevo gasta el equivalente a una pequeña guerra con los fuegos artificiales más grandes de Chile. Rabia de darse cuenta a esta escala de la mediocridad de autoridades y políticos, sobretodo los que pregonan del exitoso y emprendedor país llamado Chile. Indignación también por el lamentable y patético papel de la prensa, que, salvo excepciones que confirman la regla, llegaron como aves de rapiña por unos puntos mas de rating. Hubo uno que hizo llorar a niños al preguntarles si estaban tristes por haber perdido sus cosas. Sus mascotas y juguetes. Hijo de puta. Pienso en que son niños como José Tomás y me dan ganas de partirle la cara.

Así como las catástrofes muestran lo peor de la gente – a los citados políticos y periodistas sumo los sinvergüenzas que están aprovechándose de la ayuda a los afectados, los pungas que asaltaron un camión de Bomberos y el pastor evangélico vociferando que el incendio es castigo divino por la futura ley de vida en pareja – también hemos visto salir a relucir lo mejor de lo nuestro. Es impresionante ver la reacción de solidaridad de todo Chile, los voluntarios de todas las edades trabajando junto con la gente en los cerros para apagar brotes de fuego, limpiar, llevar comida, agua y café, buscar mascotas…se vió a Iván Fuentes, el diputado por Aysén , cerro arriba, en mangas de camisa y en forma totalmente anónima ayudando a combatir el fuego.Hasta han llegado músicos a los cerros a entregar ánimo a la gente trabajando:

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También se ha juntado ayuda – frazadas, ropa, comida, pañales para adultos y niños, juguetes, alimento para mascotas – a lo largo de todo Chile; ayer fuimos con José Tomás al Gimnasio Municipal de San Pedro a dejar unos pares de zapatos de seguridad. Como país, como ciudadanos, es una ayuda mucho mas masiva que para los afectados del terremoto en el norte, porque sabemos por experiencia que el terremoto al menos deja algo.

Otro aspecto valiosísimo es el darse cuenta de la cantidad de gente valiosa que tenemos en Chile; así como el terremoto nos mostró al geólogo Marcelo Lagos, ahora el incendio nos ha mostrado a personas inteligentes y claras como el subdirector de la Cruz Roja o al arquitecto Iván Poduje. Es de esperar que estas personas sean escuchadas esta vez por la clase política, y es también responsabilidad nuestra el presionarlos.

Y cómo no mencionar a todos los que trabajaron duramente esos días: los brigadistas forestales, los Carabineros y soldados de la Armada y en especial, nuestros valientes Bomberos voluntarios, institución que nació también aquí en Valparaíso, en 1851. El primer cuerpo de Bomberos de Chile y de Sudamérica.

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Y por último, un gran abrazo a los porteños. Puta que será duro, pero van a salir adelante.

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Créditos de las fotos: la gran Radio Bió Bío; la del bombero no lo sé.


Sobre libros, librerías y sueños

Tengo una predilección especial con las librerías, con dejar pasar el tiempo mirando libros. Cuando era niño, 6 ó 7 años tal vez, recuerdo que en las noches bajaba desde nuestro dormitorio al estudio de mi papá en el primer piso, cuando todos estaban durmiendo. Primero pasaba por los dormitorios de mis papás; llegaba a su lado y los escuchaba respirar. Cuando me aseguraba que estaban efectivamente durmiendo, iba a la escalera a escuchar si había ruidos en el primer piso. Bajaba a oscuras. Con cuidado, abría la puerta del estudio, encendía una lámpara de escritorio, me subía a un sillón y de ahí trepaba al estante de los libros.
Como quien camina por una cornisa, iba sacando y hojeando libros. Libros de anatomía, fisiología, medicina interna, siquiatría, farmacología y tablas científicas. Novelas. Los tomos de la Enciclopedia Británica, revistas National Geographic en inglés, la revista médica MD en español. En esa época, mi padre fumaba mucho, dos cajetillas diarias de Lucky Strike sin filtro, por lo que todo estaba pasado a humo. Después de un rato, hacía otra acrobacia para bajar del estante, apagaba la luz, revisaba todo el primer piso (puertas y ventanas bien cerradas) y esperaba ahora abajo escuchando si había ruidos en el segundo piso, antes de subir.
Hay veces que sueño que vuelvo a encaramarme en ese estante, tratando de alcanzar los libros más altos. Otras veces he soñado que estoy en una librería con estantes bajos; encuentro libros maravillosos, que están a punto de decirme algo. En ese instante, el sueño termina o cambia de dirección, cuando estoy a punto de memorizar el párrafo o al menos el título del libro, sabiendo que un instante después lo voy a perder. No en vano Neil Gaiman en The Sandman nos cuenta de la biblioteca en la casa del Señor de los Sueños, en que hay un libro por cada sueño de cada persona o ser que haya vivido alguna vez. Es una biblioteca que crece cada noche y no hay dos libros iguales.
Esta librería que he soñado se parece vagamente a la desaparecida Librería Manantial que estaba en la esquina de Barros Arana con Caupolicán, al lado de la Catedral. Sin embargo, y por razones que desconozco, en mis sueños me parece que está ubicada a la entrada de la galería del ex cine Lido, en Aníbal Pinto entre San Martín y O’Higgins…y ahora caigo que es la ubicación donde hasta no mucho estuvo la Librería Studio…parece que los sueños también tienen su lógica interna…
En Concepción hay pocas librerías. En el centro está la Contrapunto (la mejor), la Studio en su nueva ubicación en la Galería Italia y la Caribe. La Studio siempre tuvo buenos libros, pero también se fueron mezclando títulos y géneros que le hicieron perder identidad (lo que siempre ocurrió con la Caribe). Sin duda, debe haber un par mas de librerías pequeñas en el centro, pero apenas las he visto. En el mall están la Antártica y la Feria Chilena del Libro; sin entrar a hablar de los precios, de las dos prefiero la Antártica, que tiene más “onda” de librería.
Así es Decepción City. Por contraste, hay ciudades – civilizadas – con muchas librerías y donde hasta hay gente para las que son objetos de culto y devoción. En el blog Bookshelf Porn – dedicado a los amantes de los libros y librerías, encontré estas fotos, que me hacen click con mis sueños:

Recorriendo este blog, reencontré la historia de la librería secreta, que había leído tiempo atrás. Brazenhead Books, en Nueva York. Este elegante video muestra la historia de esta librería cuando su dueño, Michael Seidemberg, ya no pudo seguir pagando el arriendo de su local en Brooklyn. Una alternativa era cerrar el negocio; otra era irse a otro lugar más barato, pero lejos de su clientela habitual. Pero Seidemberg no quería eso. Dice en el artículo en the Paris Review: “No quería pensar en una librería en un lugar que nadie conociera”. Y encontró la solución. Instaló su librería en su propio departamento, en el Upper East Side.

Para cerrar esta historia sobre librerías, estantes, libros y sueños: en el blog de la artista penquista Gloria Mendiburo encontré esta acuarela del ilustrador escocés Wil Freeborn. “Uy…ahí quiero estar yo…”, fue lo que pensé…”quiero conocer esa librería…”.

En palabras de Michael Seidemberg, “Si sólo fuese por dinero, hay cosas mejoras para vender.”


Ray Bradbury y las Crónicas Marcianas

Hace unos días, el 22 de Agosto, Ray Bradbury cumplió 91 años.
Bradbury es un nombre importante para mí. Recuerdo cuando yo era muy niño; mi papá tenía en su velador “El Hombre Ilustrado”; me daba miedo la portada con un hombre lleno de tatuajes; lo mismo me pasaba con “El País de Octubre”, en que había unas calaveras sobre varias fachadas de una casa y un fondo verde.
Después, ya un poco mayor – 10, 12 años, en el suplemento “Escolaridades” del diario El Sur de Concepción – leí “Los Hombres de la Tierra”, una de las primeras historias que componen las “Crónicas Marcianas”. Con el tiempo, fui leyendo y comprando sus otros libros. De hecho, mi ejemplar de “El País de Octubre” es de la misma editorial Minotauro  y mantiene su portada verde con las fachadas y las calaveras…
Entre toda la obra de Bradbury que he leído, mi favorito son las  “Crónicas Marcianas”; lo he releído muchas veces y siempre me habla de forma diferente.
Bradbury lo escribió en 1950, a los 30 años, en su mejor momento como escritor. Sin ser perito en literatura, puedo decir que no es ciencia ficción “pura” o “fantasía”, creo más bien que es poesía en prosa.
Nos cuenta de la tensión en Marte cuando sus habitantes telépatas supieron que iban a llegar los hombres de la Tierra y que el cambio iba a ser para siempre. Nos habla de las primeras expediciones y de las oleadas de gente que llegó a colonizar, destruyendo la antigua civilización, totalmente extraña y “rara” por ser distinta y tratando de replicar su modo de vida en la Tierra. Del fatalismo con que la guerra en la Tierra llamó a todos de vuelta y como los que quedaron, y sus hijos, se convirtieron para siempre en los nuevos marcianos. Esta línea argumental se presenta en forma magistral en historias breves, cada una vinculada a una fecha del futuro (que allá por 1950 corresponde a nuestro pasado el año 1999…; hoy estamos mas o menos viviendo en la mitad de la cronología Bradburiana)
Además de la filosofía que transmite el libro, hay algunas breves líneas sobre los marcianos y su forma de vida: los teatros al aire libre, los pisos de las casas por donde corre agua fresca para refrescar las ardientes tardes, las ajedrezadas ciudades con sus estilizadas y gráciles torres…

Jorge Luis Borges también habla de este aspecto en el prólogo: “Sobre el planeta rojo –que su profecía nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de ciudades ajedrezadas y ocasos amarillos y antiguos barcos para andar por la arena”.
Al leer, se forman imágenes en la mente. Me imagino que el Marte de Bradbury debe parecerse a estos magníficos dibujos del arquitecto norteamericano Hugh Ferriss (1888-1962) (los tres primeros) y del arquitecto ruso Yakov Chernikov (1889-1951) (los dos últimos):



Ray: gracias por tus libros; gracias por las Crónicas Marcianas y lo que me han enseñado desde niño, desde cuando quise ser marciano y vivir en esas ciudades, como las que también han soñado Ferris y Chernikov. Definitivamente, quiero pedir carta de ciudadanía en Marte… Nuevamente, gracias Ray Bradbury, y que sean muchos años mas…

Los créditos y enlaces:

Biografía de Ray Bradbury en Wikipedia

Artículo sobre las Crónicas Marcianas en Wikipedia (no es muy bueno: faltan historias en el resumen!):

Los dibujos de Hugh Ferris en el blog Pasa la Vida; su autor continuó después escribiendo en otra dirección, el blog Agaudi, en que también puso el trabajo de Yakov Chernikov