2 de Noviembre – Primavera

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Lunes 25 de Septiembre…Funeral de mi mamá.

Ya. Tengo que escribirlo porque la memoria es frágil y en un  tiempo mas se me va a olvidar. Tengo que escribirlo porque se lo prometí a mis tías. Y tengo que hacerlo porque también es un recuerdo de su abuela para su nieto.

Mi mamá murió en la noche del domingo 24 de Septiembre, aproximadamente a las 2 de la mañana en la Clínica Universitaria. El velorio se hizo en la Parroquia San Agustín el mismo domingo, en que coincidió con la procesión de la Virgen del Carmen como patrona de Chile. Y la misa de funeral se hizo el lunes 25 en la misma parroquia. Terminamos la semana con una Misa de los Niños en el Santuario Shoenstatt de Montahue el domingo, en que fuimos todos los hijos, nietos y mi papá. El sacerdote siempre fue el Padre Juan Pablo, desde la extremaunción el Sábado 23 hasta la Misa de los Niños el Domingo.

Junto a mi cuñada organizamos la misa; a mediodía enviamos al padre una biografía de mi mamá y que fuimos afinando en la tarde por whatsapp, revisamos los roles en la ceremonia y repartimos los papeles. Como hijo mayor, mi rol sería dar la bienvenida, agradecer e invitar a ponerse de pie para recibir al cura. Las peticiones serían leídas por tres nietos – Benjamín, Almudena y Emilia – y dos queridas e incondicionales amigas de mi mamá, que nos acompañaron en todo momento. El salmo lo leería una nuera, en este caso mi mujer, y la lectura la haría mi cuñado Juan Pablo. Hablaría al final un hijo – mi hermano Juan Carlos -, una hermana – mi tía Eliana – y un sobrino, mi primo Guillermo. Junto al sacerdote, mi tío Enrique Palet oficiaría de diácono.

El féretro lo transportamos sus cuatro hijos, mi cuñado y mi tío René. Mi hermana saldría con mi papá. En el cementerio, mi segundo hermano, Eduardo, daría la bienvenida y hablaría unas palabras. Al final hablaría mi hermana, María Isabel.

Entonces, la bienvenida a la ceremonia. Tenía unas notas escritas a mano, pero las dejé a un lado e improvisé un poco.

“A nombre de la familia, les doy la bienvenida y les agradezco a todos por acompañarnos en este momento, les agradezco que nos hayan regalado parte de su tiempo.

Me voy a tomar la libertad de tomarme unos momentos para dirigirme a los nietos de la Luti…Benja, Tati, Juani, Emi, Bruno, Almu, Bea, Javi, Maca, Igna y Fran…les quiero contar qué estamos haciendo aquí hoy y porqué hay tanta gente junto a nosotros…

Quiero que piensen qué pasa cuando la familia va a viajar…ustedes ven a sus papás de allá para acá, guardando cosas, cerrando maletas, cargando el auto. Bajan cosas del auto, vuelven a abrir las maletas, sacan y ponen otras cosas. Hay otros detalles como cortar el gas y no dejar enchufada la plancha o dejar comida al gato…en fin, el tiempo pasa y los adultos no terminan nunca para poder partir de una vez.

Mientras mas lejos sea el viaje, mas demoran los preparativos y en esos casos, se agradece toda la ayuda que uno pueda recibir.

La abuelita, la Luti, va a partir a un viaje muy largo. Por eso está toda esta gente aquí, para ayudarnos con los preparativos. Lo que va a viajar es el espíritu de la la Luti, va a ir muy lejos y su cuerpo, que es como la casa, va a quedar aquí.

¿Y qué es el espíritu? El espíritu es algo que no se puede describir con facilidad, pero es el que te hace saber que cuándo se tiene miedo, es mejor hablar de tortas (*); pregúntenle por esa historia a sus tías abuelas, que también están aquí.

El espiritu es lo que sabe distinguir entre algo bien hecho o mal hecho, y si está mal, es el espíritu el que dice que hay que pegar un coscacho; pregúntenle por eso a sus papás y tíos. El espíritu es el que sabe que se puede dar amor con una torta de milhojas o un queque de plátano. El espíritu es el que disfruta una y otra vez con Sense & Sensibility.

Todo eso es el espíritu, es lo que hacía a la Luti ser ella. ¿Y para dónde viaja, hacia dónde va el espíritu?…eso lo iremos aprendiendo durante esta ceremonia, a eso lo llamamos fé.

 

Por favor, nos ponemos de pie para recibir al sacerdote…”

 

(*) Era de noche allá en Schwager, mi mamá y sus hermanos eran niños, tal como sus nietos son hoy. Y en la noche jugaban a contar historias de miedo…hasta que alguno decía “ya, no hablemos más de esto, hablemos de tortas mejor…”

 


Cumpleaños 49. En espera.

En fin. Hoy cumplo cuarenta y nueve años. Debiera ser un día feliz con los míos, pero está teñido con dolor y ya algo de resignación. Mi mamá está en sus últimos días, Don CA la tomó ya fuerte. Ayer debimos hospitalizarla, pero pese al tratamiento de apoyo – suero, nutrición, analgésicos – hoy no vemos que repunte y sus médicos ya empiezan a tomar distancia. Está bien, ahora claramente es otro el proceso y se trata de mantenerla por mientras lo mas confortable posible.

Creo que su último día mas o menos lúcido fue entre el lunes y martes, cuando me quedé a acompañarla para que mi hermana pudiera descansar un poco y también salir con su familia. Al irme, me felicitó por los cuidados y me puso nota siete. Fue duro, muchos sentimientos se ponen el ropaje de recuerdos y tratan de entrar a la cabeza. No los dejé para poder concentrarme en mi función y ser lo más útil que pudiera. Como le dije a mi tía Maru ayer, ya llegará el momento de llorar, aún no.

Mientras duerme, espero que en el sueño sea feliz. No me cabe duda que pronto se encontrará ahí con sus padres, tíos y gente querida que la está esperando.

Por mientras, esperaremos. Mis hermanos se han estado turnando desde ayer en la clínica, de a poco han ido llegando mis  tías y primos. Pese a todo, creo que hoy igual va a ser un buen día con los míos. Creo que lo que siento es difícil de escribir, pero esta mañana me acordé de esta canción que puede que lo exprese mejor.


El Dios de la Lluvia llora sobre México…

Nada, sólo queda enviar un abrazo al hermano pueblo mexicano en estas horas difíciles…desde el lejano Sur sabemos bien qué está pasando y cómo están sintiendo, del nopal también puede florecer el copihue.

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Este es un fragmento del enorme mural “Presencia de América Latina” que está en la Casa del Arte de nuestra querida Universidad de Concepción y fue regalado por México a nuestra ciudad después del terremoto de 1960. Justamente, el nopal y el copihue simbolizan la hermandad del pueblo mexicano y el chileno. Atrás del nopal vemos al águila y la serpiente, el símbolo de los dioses al pueblo méxica para indicarles donde fundar su gran ciudad de Tenochtitlán.

Siempre México ha estado, ha sido parte, de mi “ADN cultural”…mi padre estudió en la Escuela República de México de Chillán, que fue donada a la ciudad por el Gobierno de México…después del terremoto del 24 de Enero de 1939. Mi papá, tenía casi tres años, dice tener recuerdos de las casas en el suelo y de su padre tratando de ayudar en las brigadas de voluntarios. En casa de mi abuela en San Fabián de Alico siempre vi un sombrero y un sarape mexicano y preciosos libros sobre los aztecas traídos desde los viajes de su juventud. También ahí – aún niño – leí “El Dios de la Lluvia llora sobre México” de László Passuth (1939, 1959 en castellano), el húngaro enamorado de México que escribió sobre la epopeya de la conquista sin haber imaginado siquiera que algún día iba a estar en esa lejana tierra. Hace unos meses encontré el libro usado y lo volví a leer. Sigue siendo una gran aventura.

Poco mas adelante, casi adolescente, tuve otro encuentro con el Anáhuac a través de la trilogía “El Corazón de Piedra Verde” de Salvador de Madariaga. Aquí el eje de la historia no son Hernán Cortés y la Malinche sino la princesa Xuchitl en Tetzcuco y Alonso Manrique en Castilla, desde su nacimiento de cada uno hasta su encuentro en esta tierra, vieja y nueva a su vez.

Hace unos días, José Tomás terminó su lección en Sociedad sobre el pueblo azteca. Quedó fascinado. Tenochtitlán, Tetzcuco, Huitzilopóchtli, Nezahualcoyotl y Moctezuma se les hicieron fáciles de entender y de pronunciar, con ganas de saber más…qué pasó con el regreso de Qutzalcoatl, la Serpiente Emplumada.

México querido: un abrazo y a seguir adelante. Tlaloc llora por sus hijos.

 

 

 

 

 


Tiempos difíciles…Viaje a la Edad Media (III)

“As a young boy chasing dragons with your wooden sword so mighty,
You’re St. George or you’re David and you always killed the beast.
Times change very quickly,
and you had to grow up early,
A house in smoking ruins and the bodies at your feet…”

(“Flash of the Blade”, Iron Maiden, del álbum Powerslave,1984, siglo pasado)

Hace ya dos años hice un post sobre nuestra visita a la Feria Medieval que se hace a fines del verano en el Parque Ecuador en Concepción…

En marzo de este año fuimos nuevamente, como ya va en camino de ser tradición. En estos tiempos de pantallas táctiles y dispositivos varios, es reconfortante y, por qué no decirlo, esperanzador, ver niños y jóvenes disfrutando con armaduras, espadas y arcos, con la imaginería de Tolkien y brujas y juglares, creando su propio mundo mental antes que se los entreguen ya hecho, digerido y convertido en pixeles LCD.

Y mi pequeño guerrero también va progresando, peleando sin miedo contra el Dragón:

Cada cierto tiempo – la edad y su síndrome pre menopáusico masculino tal vez – vuelvo a los libros de Historia sobre la Edad Media para tratar de entenderla como proceso de fragmentación social y cultural resultante de la caída, derrumbe o simplemente abandono de un poder central mas o menos hegemónico y tiendo a hacer el símil con estos tiempos, con sus corrientes pro globalización y apertura de mercados y sus contracorrientes nacionalistas o religiosas que buscan hacer la distinción entre “nosotros” y “ellos”. También veo cómo las definiciones y marcos con los que crecimos – políticas, culturales, valóricas, etc – en realidad bastan unos quince a veinte años para mutar a algo tal vez parecido pero en ruta hacia algo distinto. De otra forma: ¿cuánto va quedando de nuestro marco de referencia de niños y que podamos decir “esto va a durar al menos otra generación mas”?

En fin, para este mundo cambiante, creo mas necesario que nunca volver a encantar a los niños con la imaginación, con espadas y dragones. Porque lo que hayan construido dentro de sus cabezas es de ellos y los va a acompañar siempre.

 


El Fin del Mundo está cerca…Septiembre 23

Bueno, no son nada auspiciadores los signos.

Dicen, circula por ahí, que el eclipse de hace unos días en el hemisferio Norte sería el heraldo precursor y la confirmación que el fin del mundo ya está por llegar. Sus profetas citan a Isaías en el Antiguo Testamento: “Vean: el Día del Señor viene – un cruel día de ira y rabia feroz para desolar la Tierra y destruir a los pecadores…El Sol naciente será oscurecido por la luna y dejará de darnos su luz…”

Esto será 33 días después del eclipse: 21 de Agosto, entonces el Día Final – tal vez un cuerpo celeste, el Planeta X, choque con la Tierra – será el 22 de Septiembre.

En fin. Sería muy intersante, si no fuera por el hecho que aquí en Chile en Septiembre celebramos las fiestas patrias el 18. Y el 22 es mi cuadragésimonoveno cumpleaños. Fin del mundo: para otra vez será.

 

 


A propósito del trabajo…

Bueno, no todo puede ser trabajo y sobrellevar una tendinitis en la mano derecha (es algo así como que al flectar el pulgar queda trabado; es doloroso y a veces necesito refuerzo el volverlo a posición normal; también es doloroso flectarlo).

Sobre el trabajo, el 1° de Mayo pensaba en algunas personas con las que me hubiese gustado haber trabajado (* ¿síndrome de arrepentimiento vocacional retroactivo ?!): Martin “Pooly” Birch, John “Mutt” Lange, Eddie Offord, Bob Rock, Nile Rodgers, Alan Parsons, Hugh Padham…¿cómo sería ver el nombre de uno entre los créditos de producción, aunque sea al final?…

¿Y dónde sería un buen lugar para trabajar (* “a good place to job” como dicen los cursis”): Abbey Road Londres, AIR Monsterrat, Hansa Berlín…