Conversación en La Villa. Otra historia que nunca ganará un Pulitzer.

En general, no soy de los que escuchan conversaciones ajenas, pero hay veces en que es inevitable.

Era una familia grande que ocupaba tres mesas juntas al lado nuestro, en el restaurante de la Villa Cocholgüe, hace unos meses. Me da la impresión que eran dos hermanos, cada uno con su familia. Uno de ellos, el anfitrión, ya estaba cuando nosotros llegamos, a la cabecera de las mesas. De ahí fue llegando su familia, pero se notaba que estaba molesto. La garzona iba a su mesa a tomar el pedido, pero cada vez le decía que todavía no estaban todos. Por mientras, esperaban con su piscos sour y empanadas de mariscos como apertivo. De a poco fue llegando mas gente, entre ellos su hermano (lo deduzco por el parecido), que llevaba a la madre. Había entonces una abuela,sus dos hijos con sus mujeres y sus hijos e incluso algunos de ellos tenían niños. La última en llegar fue una joven – evidentemente de la familia – acompañada por un amigo / novio / pololo / o similar. Era el único extraño a la familia. Y, obviamente, todos lo miraban tipo scanner.

Para completar el cuadro, debo describir la banda sonora. Por el tono de las voces, el volumen de las conversaciones y el barullo general, me parece que eran de ascendencia italiana. ¿Capicci?

Nuestro pedido ya había llegado a la mesa y comencé a prestarles atención porque escuché que el anfitrión le reclamaba a la garzona. ¿Porqué ellos ya están atendidos si llegaron después?

– Porque hicieron reserva, fue la respuesta.  Ahí dejé el oído sintonizándolo en segundo plano. El tono no había sido muy amable que digamos. Un poco malas pulgas.

Les llegaron los platos, mucho ruido de conversaciones y risas, y, encima de los decibeles, la voz de nuestro amigo anfitrión, metiéndose en todas las sub conversaciones y tratando de llevar la batuta. En fin, creo que se entiende la caracterización del personaje.

Nosotros habíamos ya terminado el almuerzo y me quedé para esperar la cuenta y pagar. Entonces aparece la pregunta que había estado rondando todo el almuerzo. Nuestro anfitrión pregunta a su sobrina, llamémosla Andrea:

– ¿Y qué hace tu amigo, Andrea? No ha hablado en todo el almuerzo…

– Ricardo (llamémoslo así) es médico, tío. Él…

– Pero deja que hable él; ¿no es mudo, verdad?

Aquí entra Ricardo: Sí, bueno… soy médico, estudié en la Universidad Católica. Ahora estoy haciendo clases y trabajando en mi doctorado, con especialización en Bioética…

– Bioética…¿ahí es dónde les enseñan a los médicos cuánto tienen que cobrar?

(risotadas generales; se escuchan otras voces con cosas como “se acuerda Nonna cuando se cayó, lo que le cobraron en la clínica? “, “sinvergüenzas los ladrones”, “a mí me querían operar y nunca tuve nada”, etc. “Uyuyuy”, me dije)

Y, entre las risas y pullas, sin apocarse, Ricardo responde. “En realidad, es un poco mas complejo que eso…Estudiamos problemas como el aborto terapéutico, en que la continuación del embarazo es inviable y en que el feto, si llega a nacer, tiene una sobrevida probable de apenas unas pocas horas…”

Silencio brusco en la sala.

– “O los casos de pacientes terminales, en que hay que decidir en que punto uno ya debe pasar del tratamiento curativo a un tratmiento paliativo, en que se ya no hay posibilidad de curar al paciente, sino mas bien de darle alivio en la última etapa de su vida, teniendo en cuenta que su familia siempre quiere lo mejor, hacer todos los esfuerzos, pero también haciéndoles ver que van a quedar arruinados económicamente, sin que el enfermo logre ninguna mejora…también trabajamos en pautas para la asistencia a los familiares de pacientes con demencia senil o alzheimer…”

Ahí llegó la garzona con la cuenta. En medio del silencio, el anfitrión pagó la cuenta, se levantaron y salieron. Andrea y Ricardo fueron los últimos, y vi que iban de la mano.

 

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2 comentarios on “Conversación en La Villa. Otra historia que nunca ganará un Pulitzer.”

  1. biblioteca62 dice:

    Quién sabe si llegará al Pulitzer… pero pienso que es una interesante historia y muy bien contada 😀 Nos leemos.


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