Sobre libros, librerías y sueños

Tengo una predilección especial con las librerías, con dejar pasar el tiempo mirando libros. Cuando era niño, 6 ó 7 años tal vez, recuerdo que en las noches bajaba desde nuestro dormitorio al estudio de mi papá en el primer piso, cuando todos estaban durmiendo. Primero pasaba por los dormitorios de mis papás; llegaba a su lado y los escuchaba respirar. Cuando me aseguraba que estaban efectivamente durmiendo, iba a la escalera a escuchar si había ruidos en el primer piso. Bajaba a oscuras. Con cuidado, abría la puerta del estudio, encendía una lámpara de escritorio, me subía a un sillón y de ahí trepaba al estante de los libros.
Como quien camina por una cornisa, iba sacando y hojeando libros. Libros de anatomía, fisiología, medicina interna, siquiatría, farmacología y tablas científicas. Novelas. Los tomos de la Enciclopedia Británica, revistas National Geographic en inglés, la revista médica MD en español. En esa época, mi padre fumaba mucho, dos cajetillas diarias de Lucky Strike sin filtro, por lo que todo estaba pasado a humo. Después de un rato, hacía otra acrobacia para bajar del estante, apagaba la luz, revisaba todo el primer piso (puertas y ventanas bien cerradas) y esperaba ahora abajo escuchando si había ruidos en el segundo piso, antes de subir.
Hay veces que sueño que vuelvo a encaramarme en ese estante, tratando de alcanzar los libros más altos. Otras veces he soñado que estoy en una librería con estantes bajos; encuentro libros maravillosos, que están a punto de decirme algo. En ese instante, el sueño termina o cambia de dirección, cuando estoy a punto de memorizar el párrafo o al menos el título del libro, sabiendo que un instante después lo voy a perder. No en vano Neil Gaiman en The Sandman nos cuenta de la biblioteca en la casa del Señor de los Sueños, en que hay un libro por cada sueño de cada persona o ser que haya vivido alguna vez. Es una biblioteca que crece cada noche y no hay dos libros iguales.
Esta librería que he soñado se parece vagamente a la desaparecida Librería Manantial que estaba en la esquina de Barros Arana con Caupolicán, al lado de la Catedral. Sin embargo, y por razones que desconozco, en mis sueños me parece que está ubicada a la entrada de la galería del ex cine Lido, en Aníbal Pinto entre San Martín y O’Higgins…y ahora caigo que es la ubicación donde hasta no mucho estuvo la Librería Studio…parece que los sueños también tienen su lógica interna…
En Concepción hay pocas librerías. En el centro está la Contrapunto (la mejor), la Studio en su nueva ubicación en la Galería Italia y la Caribe. La Studio siempre tuvo buenos libros, pero también se fueron mezclando títulos y géneros que le hicieron perder identidad (lo que siempre ocurrió con la Caribe). Sin duda, debe haber un par mas de librerías pequeñas en el centro, pero apenas las he visto. En el mall están la Antártica y la Feria Chilena del Libro; sin entrar a hablar de los precios, de las dos prefiero la Antártica, que tiene más “onda” de librería.
Así es Decepción City. Por contraste, hay ciudades – civilizadas – con muchas librerías y donde hasta hay gente para las que son objetos de culto y devoción. En el blog Bookshelf Porn – dedicado a los amantes de los libros y librerías, encontré estas fotos, que me hacen click con mis sueños:

Recorriendo este blog, reencontré la historia de la librería secreta, que había leído tiempo atrás. Brazenhead Books, en Nueva York. Este elegante video muestra la historia de esta librería cuando su dueño, Michael Seidemberg, ya no pudo seguir pagando el arriendo de su local en Brooklyn. Una alternativa era cerrar el negocio; otra era irse a otro lugar más barato, pero lejos de su clientela habitual. Pero Seidemberg no quería eso. Dice en el artículo en the Paris Review: “No quería pensar en una librería en un lugar que nadie conociera”. Y encontró la solución. Instaló su librería en su propio departamento, en el Upper East Side.

Para cerrar esta historia sobre librerías, estantes, libros y sueños: en el blog de la artista penquista Gloria Mendiburo encontré esta acuarela del ilustrador escocés Wil Freeborn. “Uy…ahí quiero estar yo…”, fue lo que pensé…”quiero conocer esa librería…”.

En palabras de Michael Seidemberg, “Si sólo fuese por dinero, hay cosas mejoras para vender.”

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2 comentarios on “Sobre libros, librerías y sueños”

  1. Fernada Rodriguez dice:

    Me gusta Concepción, aunque no tenga librerías, pero si las tuviera sería aun mejor.


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