Historia de una fotografía. Reportaje que nunca ganará un Pulitzer.

Las fotografías siguientes fueron tomadas en la ciudad de Sirte, Libia, mas o menos una semana antes de la muerte de Khadaffi. Al verlas, sin duda uno se pregunta sobre el sentido de la violencia y la utilidad de las guerras…
Sin embargo, y sinceramente, esas son estupideces. La verdadera pregunta que uno debe hacerse es ¿qué está cantando el tipo de la guitarra?….

Hay al menos tres teorías.
La primera es que este hombre está motivando a sus compañeros al combate; por ejemplo, tocando en guitarra acústica un clásico de  batallas: “You’ll take my life but I’ll take yours too / You’ll fire your musket, but I’ll run you through / So when you’re waiting for the next attack / You’d better stand there’s no turning back…”

La segunda hipósis es que el hombre es un valiente pacifista, que se metió entre medio de la balacera (veánse el montón de vainillas en el suelo; los tipos llevan rato disparando lo que parece ser un fusil SIG 552 y una ametralladora .30) para cantar esta canción de Bob Marley. Si uno se fija bien, hasta tiene un parecido:

Otra posibilidad – menos heroica, pero más realista – es que estaba esperando que pasara la micro para subirse a cantar; la micro no llegó nunca – por razones obvias – así que se quedó en la esquina a entretener a los combatientes, a ver si le cae alguna moneda. En ese caso, hay dos estilos para cantor de micros. Uno es este clásico del Maestro, el Tata Barahona:

…y la otra, lo que todo cantor callejero debe tener en su repertorio:

¿Qué mejor que la buena música para animar una balacera?…

Mis agradecimientos a mi amigos y colegas Rodrigo Moya (gran entendido en música), por su valioso aporte para descifrar esta historia y Juan Rivas, por su información sobre el armamento.


Things I like to see: night sky…

collage de Philipp Igumnov, visto en This is Colossal


Impresionismo realista – Fotos de José Tomás Octubre 2011


El Triángulo de las Bermudas de Concepción


Concepción tiene un Triángulo de las Bermudas en pleno centro.  Son los lugares que todo penquista – por nacimiento o por adopción – tiene marcados en su ADN. Sus vértices están dispuestos para quedar a pasos de cualquiera que en un momento dado sufra “el bajón del hambre” o un simple antojo:

  • La Fuente Alemana, en O’Higgins esquina Rengo
  • El Llanquihue, en Caupolicán, entre Barros y Freire
  • El Rich, en Colo Colo, entre San Martín y O’Higgins

No es una parada a tomar un café con un trozo de pastel; lo dulce definitivamente no es su negocio. Es pasar a comer un completo o un Barros Luco en La Fuente Alemana, dos completos en el Llanquihue, o una hamburguesa en el Rich. Con una cerveza o shop, mejor todavía.

Son los espacios que los penquistas hemos compartido por mucho tiempo; son los lugares que uno guarda en la “memoria gustativa”: cuando niño pasábamos con mi mamá a comer completos, después de clases en la Universidad, antes de un matrimonio “para afirmar el estómago” y aguantar dignamente los tragos, para componer el cuerpo después una noche de alcohol. Cuando fuimos con la Yorky al colegio a la entrevista para la postulación de José Tomás, ¿donde pasamos a la salida?: al Rich. ¿Cuál fue el antojo que tuvo pocos días antes de saber que estaba embarazada?: comprar completos para llevar en el Llanquihue.

Es el espectáculo de los maestros y sus planchas preparando los sandwichs, las bandejas con los pedidos saliendo y la sensación de poner la mostaza, el ají y unas gotas de ketchup sobre la mayonesa entre el pan y la carne y el queso.

Podremos conversar de los completos del Dominó, los sandwichs de la Fuente Alemana de Santiago o las hamburguesas de no sé donde. Está bien; las he probado muchas veces y son espectaculares. Pero para un penquista, no es lo mismo, gracias.

Sólo puedo desear que se mantengan vivos por mucho tiempo más. Aún debo llevar a José Tomás a reconocer su identidad genética.


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.